miércoles, 2 de mayo de 2018

Matar a Jesús. Dirª Laura Mora Ortega

No es que los diálogos se entiendan con mucha dificultad, no es que los protagonistas no sean actores profesionales, y eso en el caso de la protagonista, Paula en la película, es demasiado porque en ella recae el peso de la historia y con inexpresividad no se expresan todas las emociones, sino es el argumento en sí y su desarrollo lo que flaquea. Ya empieza regular con la escena de la asamblea en la Facultad, un ejemplo claro de artifiosidad, sino que, tratando de unir la venganza, el dolor, la justicia por tu mano y el síndrome de Estocolmo, va entrando en un callejón sin salida para ir al absurdo, como cuando Paula va a buscar al asesino de su padre para que le ayude a recuperar los materiales fotográficos que le han robado y con los que pretendía comprar una pistola con la que quería matar a Jesús, es decir, al asesino de su padre. Ahí ya no pude seguir y me salí del cine. Hacía bastante tiempo que no me ocurría.
Lo que opina Ana:

Lo único que me gusta es la descripción de la vida en Medellín y la soledad desgarradora del sicario, lo demás no me llega, los continuos tumbos de la  protagonista, de la que muchas veces sólo se nos muestra la melena, me marean. Es una pena que no la hayan subtitulado, se necesita para entender su español, hay momentos en que aunque me hicieran jurarlo  no podría afirmar que estén hablando en el mismo idioma que yo.