sábado, 22 de noviembre de 2008

el abogado del terror


En la crítica que hace Carlos Boyero (El País 17 de oct. 2008) confiesa que le da mucho miedo "este pulcro y cultivado señor".

Se nota el dominio y buen manejo del director de los recursos cinematográficos existentes sobre esos cuarenta o cincuenta años que ven lo que hace este abogado. Es probable que en algunos master de Derecho se estudie el método "Vergès". Para algunos profesionales del Derecho puede ser una referencia, no por la pureza de sus ideas, sino por el uso de la palabra para enfangar, torcer y confundir cualquier proceso. Los jesuitas podían haber sido sus maestros, con esa práctica tan común en sus estudios de argumentar por argumentar, aunque fueran cosas disparatadas (la escolástica). Lo que ocurre es que Vergès no trata cuestiones nimias, hay personajes tremendos, ligados de una u otra manera, por una u otra razón, al terrorismo. Él parece desenvolverse bien, con ese aroma como dice Boyero, entre cardenalicio y maquiavélico. En el desarrollo de la narración te pierdes a veces, pero una idea poderosa queda fijada en tu mente: el tremendo poder que tiene el terrorismo para desestabilizar el Estado. Ves la calle después de una bomba y sientes el olor del desastre y el desconcierto que allí ha provocado la fragmentación extema de la destrucción. ¿Quién es este tipo? Alguien de otra dimensión. Menos mal que se ha quedado en abogado y no ha entrado en la política.
Lo que opina Ana:
Demasiado larga para soportar tanto plano fijo de diferentes personajes. Resulta muy confusa, te pierdes entre los vericuetos de la vida de este, como poco, peculiar personaje que es el abogado Vergès. Lo que más podría haberme interesado, el relato histórico, la reconstrucción de un tiempo cercano y muy interesante, especialmente todo lo referido a la descolonización, me sigue dejando perdida, no soy capaz de seguirlo con claridad.
Las críticas han sido excelentes, no puedo comprenderlo, ¿cómo algo tan difícil de seguir puede convertirse en un documental de culto? Quizá para los eruditos del tema, los especialistas en política internacional y terrorismo, sea una película apasionante; para los que no dominamos la época, a los que sólo nos suenan algunos nombres, la película nos confunde y a mí, particularmente, me irrita a veces.