lunes, 20 de agosto de 2018

La cámara de Claire. Dir. Hong Sang-soo

Este director coreano es bastante prolífico, al menos últimamente. El tema que aborda en sus películas recientes está relacionado con su propia vida personal, las rupturas y encuentros sentimentales. La actriz que suele participar en estos conflictos es Kim Min-hee, que también está implicada en su vida privada. Un ejercicio, dicen algunos críticos, de exorcismo. Puede que también de exhibicionismo. En cualquier caso, La cámara de Claire es más ligera que En la playa sola de noche. Aquí más bien parece un juego de relaciones ocasionales, aparentemente intrascendentes, con el asunto de fondo de la fidelidad/infidelidad. El personaje de Isabelle Huppert se encarga de actuar como una maga, hace fotos con una polaroid, se las regala a las personas que fotografía y les dice que su vida a partir de entonces ha cambiado, así de fácil. El personaje del director de cine es el más dañado, el más frágil. De él dice Claire (Huppert) que está buscando la muerte antes de que la muerte lo busque a él. Se ve.(vista el 26 de julio)
Lo que opina Ana:
Historia muy medida en tiempo y forma, lo justo para contarla sin divagar. Encuentros y desencuentros fortuitos que recuerdan a un tipo de cine francés en el que nada pasa y todo pasa, con el recurso a un lenguaje cinematográfico que  hermana esta coproducción franco coreana.

Casi 40

Esa despedida de lo que en algún momento soñaste ser y de lo que en algún momento fuiste quizás sea demasiado pronto para tenerla a los cuarenta, y se aproxime más a la edad del director y guionista, los cincuenta. Por esas pérdidas que sufrimos el tono es agridulce, mas de lo primero. Un poco melancólica también, sin caer en la tristeza. Mantener casi hora y media de metraje con casi sólo dos personajes que se pasan todo el tiempo hablando, tiene su mérito, La película apenas decae en su línea de flotación inicial, pausada y uniforme. Hay que valorar esta road movie por la España interior porque mantiene su coherencia e interés hasta el final.(vista el 12 de julio)
Lo que opina Ana:
20 años después, David Trueba decide reunir a los protagonistas de su primera película “La buena vida” y darles la oportunidad de reencontrarse. Es una cinta muy parlanchina, centrada en los diálogos, salpicados de humor y nostalgia. Los espectadores contemplamos y nos dejamos llevar  por esta road movie que recorre tierras extremeñas y castellanas. No tiene grandes pretensiones y se deja ver  amablemente; a mí me sobran canciones, a pesar de la buena voz de Lucía Jiménez.


Formentera Lady. Dir. Pau Durà

Afortunadamente este comentario está escrito en el blog bastante después del estreno (y retirada) de esta película en los cine. Porque me pareció malísima. Es el peor papel que le he visto hacer a José Sacristán (en de un hippy balear/meseteño, fuera de todo, de foco, de pista, de tiempo, de cualquier lugar). Un guión disparatado por lo poco creíble que es y alguna escena, como la de la venta de pescado en la playa a los turistas extranjeros, sencillamente bochornosa. Todavía me pregunto cómo no me salí de la sala antes de que acabara. (vista el 9 de julio)

No te preocupes, no llegará lejos a pie. Dir. Gus Van Sant

Ya hay que tener influencia y poder para conseguir que la distribuidora permita este título tan poco usual (y comercial). El mismo, por cierto, que en inglés. La película pertenece al género de las biografías, aunque de un personaje muy particular. John Callahan, pero no sólo de él, porque el entorno de esa especie de alcohólicos anónimos también tiene su punto, sobre todo el que ejerce de patriarca. La voz del propio Callahan (interpretado con furia por Joaquín Phoenix) nos va dando cuenta en un tono medio jocoso de su accidentada vida. La maestría de Gus Van Sant está en el manejo temporal de la historia. Los saltos hacia adelante y hacia atrás son continuos sin más explicaciones que la imagen y el trasunto del relato. Es una película interesante. Rooney Mara que hace de novia o algo parecido, está guapísima. (vista el 5 de julio)
Lo que opina Ana:
Gran interpretación de Joaquin Phoenix que hace muy creíble la figura histriónica de John Callahan, sarcástico dibujante cuya biografía se nos va desvelando con el recurso a los flashbacks.

Sácame de dudas. Dirª Catherine Tardieu

Otra película francesa. Podríamos englobarla en el cine de verano, por lo general, salvo excepciones, poco relevante. Es una comedia con situaciones estrambóticas, con dos temas de fondo: la maternidad y la paternidad, más ésta que aquélla, y la vejez. En ninguna se pasa del tono superficial, aunque llega a plantear un asunto que podría dar bastante juego dramático, el amor incestuoso. Pero nada, es un enredo más. (vista el 3 de julio)
Lo que opina Ana:
Comedia simplona que se ve fácilmente a pesar de su tono pastelón. Pensada para arrasar en taquilla, sin más altos objetivos y eso creo que lo conseguirá.

jueves, 5 de julio de 2018

Nos vemos allá arriba. Dir. Albert Dupontel

Llega a los Golem en una época cinematográfica de relleno como es el verano una película muy interesante. Es cierto que el inicio te asusta un poco por su ampulosidad (Jordi Costa escribe impetuoso y enfático), pero en seguida bajamos a tierra, a las trincheras. Es como un cuento, trágico y feliz al mismo tiempo. Es teatro de máscaras, representación de personajes ficticios y drama psicológico. La historia está asociada a la 1ª Guerra Mundial, de hecho hay un homenaje muy reconocible a "Senderos de gloria", aunque salta ese marco y va más allá, para mostrarnos lo que los "Felices 20" hicieron con la losa del recuerdo de la Gran Guerra. Personajes destrozados, supervivientes miserables, individuos sin escrúpulos. Todo esto hilvanado hasta formar un relato apasionante y una gran película.
Lo que opina Ana:
Había visto el tráiler en repetidas ocasiones y no me atraía en absoluto, tras su estreno las críticas la ponían muy bien y decidimos verla, fue todo un acierto, puro cine y de calidad. Es un cuento que recrea el último día de la I Guerra Mundial, los soldados hacinados en las trincheras tienen que seguir las órdenes de un sádico teniente que se resiste a aceptar el armisticio y provoca una carnicería gratuita. El arranque recuerda a Senderos de Gloria con una magnífica escena de combate en las trincheras, luego se recrea el mundo de la inmediata postguerra, con un París de grandes contrastes y a través de  un relato ingenuo, que recuerda a la magia de Charlot, se levanta una crítica contumaz a la guerra y a los que sacan partido de ella.

martes, 3 de julio de 2018

En la playa de Chesil. Dir. Dominic Cooke

Comienza la película con un texto en off tan determinante del sentido de la película que no te deja fijarte en el paisaje, una playa de arena gorda, un cielo brumoso, una barca varada, un ambiente frío. Con este inicio la película no puede acabar bien. Es una historia romántica, lastrada por el miedo al cuerpo, a su exploración y goce. Tiene dos cosas levemente atisbadas: algo ocurrido entre la hija y el padre en la infancia de ella; y el conflicto de clase entre las dos familias, la del novio y la de la novia. No sé si en la novela de Ian Mcewan de la que parte (también es él el guionista) está igual de insinuado o entra más en ello. El que se parta de un texto literario en este caso condiciona demasiado, es como si hubiera puesto imágenes a un libro. El final, volando en el tiempo a través del maquillaje ("infame", según Javier Ocaña-El País-), podría haberse hecho más sutil, con la misma voz en off del principio. En definitiva, las tres estrellas de Metrópolis están bien dadas, ni más ni menos.
Lo que opina Ana: 
Dar vida cinematográfica a una novela tan intimista es siempre un reto, lo consigue ampliamente en la creación del ambiente durante la mayor parte de la película, cuando se circunscribe a los años 60 y a los continuos flasbacks que nos ayudan a conocer a los personajes y su historia de amor; pierde el pulso al final, cuando quiere rematar la historia acercándonos al presente, algo totalmente innecesario y que se convierte en grotesco. Una triste  historia de amor, destruida por el rechazo al sexo. El amor platónico pierde, aunque mantenga su estela para siempre.