Me sorprendió el planteamiento tan opuesto entre lo que viven los vecinos de Lampedusa, con el niño Samuele de protagonista (con qué facilidad y naturalidad se expresa ante la cámara) y el drama de los refugiados. Dos mundos que, aunque estén muy cercanos, no se tocan. Sólo el médico comparte ambas realidades y sólo por una breve noticia en la radio local sobre un naufragio sabemos que saben los vecinos lo que ocurre en su isla. ¿Qué quiere el director? ¿Mostrarnos que el drama mortal de la emigración no conmueve ni a los que viven más a su lado? ¿Cómo actuamos nosotros mismos? No sé. Me dejó con un sentimiento raro. Me hizo pensar. Recibió el Oso de oro en Berlín. Tampoco sé cómo entenderlo. No sé muy bien,asimismo, qué significa la figura de el submarinista raro que aparece en la película. En fin, sala llena y gente llegando casi media hora tarde. Eso, qué le vamos a hacer, tampoco lo entiendo.
No supe ver la metáfora del ojo vago del niño, después leyendo la crítica de Carlos Reviriego en El Cultural, reconozco que es ese ojo que no quiere ver lo mismo que pasa con los refugiados para los habitantes de Lampedusa, y para la mayoría de nosotros.
No supe ver la metáfora del ojo vago del niño, después leyendo la crítica de Carlos Reviriego en El Cultural, reconozco que es ese ojo que no quiere ver lo mismo que pasa con los refugiados para los habitantes de Lampedusa, y para la mayoría de nosotros.
