Es curioso que haya sido un director francés el que, como si fuera cubano, se haya atrevido a poner en imágenes la historia de una derrota, la devastación. Es duro este regreso a Ítaca porque es poner delante de nosotros los colgajos de una ilusión, Tal vez toda utopía tenga que terminar así, pero duele. Nada que reprochar a los actores y a la puesta en escena, viva y creciendo en intensidad sin salir del espacio primero, una terraza cubana desde la que se ve el ajetreo de La Habana, su mar y sus vecinos. Tal vez sea un poco forzada su historia final, pero no le resta valor, sentido y valentía a esta película.
Lo que opina Ana:
Lo que opina Ana:
Durante 95’ los espectadores asistimos
en una azotea desconchada de la Habana, con vistas panorámicas de la ciudad, al
reencuentro de cinco viejos amigos de juventud, que rememoran su historia, con
recelos y añoranza, guardando todos ellos algún resquemor, alguna hiel que
emponzoña su relación. El motivo, es el regreso tras 18 años de exilio en
España, de uno de ellos. La historia tiene un hilo musical conductor, canciones
de ese pasado irrecuperable que evocan algo que no puede volver. Con un
escenario inmóvil, la terraza y sus vistas de la Habana, el director pasa
revista a la situación de Cuba y nos escupe a la cara el fracaso de una
revolución que se llevó por delante los sueños de muchos cubanos y que en la
actualidad se desintegra y camina hacia un futuro incierto. Contada con acierto, manteniendo el ritmo,
jugando con los planos, llegando al final a un relato totalmente intimista con
la utilización de planos psicológicos que desnudan el alma de los personajes. Curioso
que sea un proyecto francés, de un
director francés, el que diseccione en español y con actores cubanos
esta realidad.