Sólo en la Cineteca, y sólo dos fines de semana, y en la sala Borau, de setenta butaquitas (de lo pequeñas que son). Y no estaba llena, menos de la mitad.
Documental o ficción que está repleto de galardones, pero que requiere una predisposición extra. Las imágenes son hipnóticas, el barco se mueve lentamente, carga su mercancía (trigo, pero parece otra cosa, mineral) y la cámara va de fuera a dentro, nos enseña paisajes propios de la nada y las luminarias extrañas de las ciudades nocturnas. Luego ya se sumerge en el interior y ni siquiera cuando nos dicen por los altavoces que está entrando agua a raudales, la vida se altera. En una llamada telefónica a un familiar un marinero confiesa que no saben dónde va pero que siguen avanzando. ¿Será una metáfora de algo? Cine muy especial.
