Es un pequeño milagro que una película como esta esté todavía en cartelera después de un mes de su estreno. En Madrid solo la proyectan en los Verdi.
La recreación de ambientes, costumbres, vestimentas e instrumentos es casi de una perfección etnográfica; el cuadro de Bruegel el Viejo, "El Camino al Calvario" queda fijado en tu retina; durante hora y media alguno de los quinientos personajes que tiene el cuadro cobra vida, al tiempo que se re interpreta el significado de la pintura: los romanos serían los españoles, el Cristo camino del Gólgota, serian los reformistas, estamos en 1564, corresponde a la gobernación de Flandes de Margarita de Parma (o de Austria), un terror, y eso que todavía faltan tres años para que se inicie la del Duque de Alba. ¡Qué poco sabemos de esa dominación!
Javier Ocaña diferencia tres niveles de visión: el técnico, el narrativo y el didáctico. Cree que en el que queda más floja la recreación es en el narrativo, los personajes no terminan de cobrar vida propia. Puede que tenga razón, pero la impresión es tan fuerte en los otros dos que compensa. No tiene el director la sorprendente imaginación de Peter Greenaway en la "Ronda Nocturna", acerca del cuadro de Rembrandt, pero su esfuerzo por acercarnos a una realidad lejana está conseguido.
Curiosidades tiene varias: el que sea un director polaco, aunque tenga un largo historial en el vídeo montaje y haya sido su obra objeto de exposiciones en varios museos; el que la financiación sea también polaca, cuando se está atacando a la religión católica, a su intransigencia, y que haya sido rodada en parte en Nueva Zelanda.
Dos pegas formales: el que los personajes hablen en inglés; deberían hacerlo en francés, valón, flamenco o alemán. Y el que el acento de los soldados hablando español sea latinoamericano, en esos momentos. Dado el nivel de perfección de todo lo demás, esto también es importante.
Lo que opina Ana:
Con una cuidadísima puesta en escena y una luz que parece directamente salida de los cuadros flamencos del Primer Renacimiento, consigue el director polaco Lech Majewski conducirnos a los durísimos tiempos de la ocupación española en Flandes, empeñada en mantener a ultranza la fe católica. Hay un gran trabajo de investigación histórica detrás de cada plano, en cada puntada de las muchísimas costuras que el taller de vestuario tuvo que realizar; a ello se une una encomiable labor etnográfica, ¡qué prodigio el funcionamiento del molino! Todo está documentado, es como si combináramos una lectura sobre la época, con la visión detenida del cuadro y de repente, como por arte de magia, las letras del libro y los personajes del cuadro se transmitieran sus conocimientos y cobraran vida para presentarse ante nosotros en medio de unos paisajes fantásticos, irreales, como lo son los del cuadro y que en la película se recrean con fondos en cartón piedra.
Creo que es una brillante lección de Historia, parcial, fragmentaria, centrada en la historia menuda, la de la vida cotidiana, aquélla que a duras penas llega a los libros y que en gran medida podemos reconstruir gracias a la obra de los artistas. Al final todo vuelve a su lugar, las sombras del pasado retornan al lienzo, a guarecerse en la sala de un museo y enmudecen hasta que una nueva mirada las haga renacer.
La fotografía, la luz, la ambientación, cada mínimo detalle que se representa es una disección perfecta de la obra de arte que se está analizando, "El camino al calvario" de Pieter Bruegel. Majewski ha querido explicárnosla creando una réplica viviente.
Lo que opina Ana:
Con una cuidadísima puesta en escena y una luz que parece directamente salida de los cuadros flamencos del Primer Renacimiento, consigue el director polaco Lech Majewski conducirnos a los durísimos tiempos de la ocupación española en Flandes, empeñada en mantener a ultranza la fe católica. Hay un gran trabajo de investigación histórica detrás de cada plano, en cada puntada de las muchísimas costuras que el taller de vestuario tuvo que realizar; a ello se une una encomiable labor etnográfica, ¡qué prodigio el funcionamiento del molino! Todo está documentado, es como si combináramos una lectura sobre la época, con la visión detenida del cuadro y de repente, como por arte de magia, las letras del libro y los personajes del cuadro se transmitieran sus conocimientos y cobraran vida para presentarse ante nosotros en medio de unos paisajes fantásticos, irreales, como lo son los del cuadro y que en la película se recrean con fondos en cartón piedra.
Creo que es una brillante lección de Historia, parcial, fragmentaria, centrada en la historia menuda, la de la vida cotidiana, aquélla que a duras penas llega a los libros y que en gran medida podemos reconstruir gracias a la obra de los artistas. Al final todo vuelve a su lugar, las sombras del pasado retornan al lienzo, a guarecerse en la sala de un museo y enmudecen hasta que una nueva mirada las haga renacer.
La fotografía, la luz, la ambientación, cada mínimo detalle que se representa es una disección perfecta de la obra de arte que se está analizando, "El camino al calvario" de Pieter Bruegel. Majewski ha querido explicárnosla creando una réplica viviente.
